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Una pandereta procedente de Vega de Liébana datada en 1920, pieza del mes de agosto, en el Etnográfico de Muriedas

Una pandereta procedente de Vega de Liébana datada en 1920, pieza del mes de agosto, en el Etnográfico de Muriedas

Una pandereta procedente del pueblo de Bárago en el municipio de Vega de Liébana es la pieza del mes de agosto que en esta ocasión quiere poner en valor el Museo Etnográfico de Cantabria en Muriedas.

De fabricación artesanal elaborada en madera, piel y latón y con una anchura de 5 cm y un diámetro de 222 cm está datada en el año 1920 e ingreso en el museo mediante una donación el 25 de Septiembre de 1994 pasando a formar parte de la colección estable de instrumentos musicales de percusión. Cuenta con una sola membrana, tiene el marco de madera, con restos de policromía y una serie de sonajas metálicas alrededor, que van geminadas en dos bandas.

Según cita en su descripción el Museo Etnográfico de Cantabria, la pandereta es uno de los instrumentos musicales más sencillos y antiguos que conocemos y se asocia casi exclusivamente con la mujer. Su función originaria fue la de servir de acompañamiento al baile. De hecho, las mejores pandereteras "eran las que sabían hacer bailar". Cada comarca o valle ha desarrollado su estilo de tocarla e incluso cada panderetera tiene el suyo propio. Esto ha dado lugar a que, aún tratándose del mismo ritmo, sean infinitas las maneras de tocar este instrumento. La piel se golpea con la palma de la mano o con la mano vuelta; o bien se roza con la yema de los dedos...

Sobre el origen de la pandereta, allá por el IV o III milenio a. C., parece que hay que buscarlo en el sur de Mesopotamia, Egipto, Tibet o China. Se cree que llega a la Península con los árabes, si bien es cierto que algunos autores consideran que "ya mucho antes existían en la península estos instrumentos, especialmente en el Norte, donde se conserva esta tradición siempre acompañando al canto femenino y tocado por la misma mano de la cantante".

La pandereta pertenece al grupo de instrumentos de percusión directa. Está formada por una badana que se ajusta a un bastidor de madera circular con sonajas metálicas agrupadas de dos en dos, que se distribuyen a lo largo del bastidor. Una versión de mayor tamaño, es el pandero, que puede llegar a tener más de medio metro de diámetro.  

La pandereta fue la eterna acompañante de los habitantes de Cantabria, en sus fiestas y ratos de ocio, haciendo bailar y ayudando a compensar, las duras faenas de su transcurrir diario. Su tañido es signo de identidad común, y cada comunidad rural o urbana, le ha ido dando forma a lo largo de su historia,  tratando de aunar pasado, presente y esperemos, que futuro.

La música, el canto y el baile son unas de las manifestaciones más antiguas y ancestrales del ser humano. Cada pueblo pondrá en ellas sus señas de identidad, su universo de emociones, sin dejar por ello de compartir con otros grupos humanos, una herencia cultural que irá transformándose a lo largo de la historia.

En la época estival en la que nos encontramos, no había aldea que no celebrara sus fiestas patronales o alguna otra conmemoración de carácter lúdico con cualquiera de estas demostraciones. Hoy en día son cada vez más las villas o municipios que, en un intento de recuperar sus raíces y tradiciones, nos hacen partícipes de sus danzas, música y cantares al son de las panderetas, que constituyen una de las más genuinas expresiones de carácter colectivo de una comunidad de individuos.

Hace ya muchos años, este instrumento era reclamo habitual para la diversión y el recreo: después de la misa dominical, de los rosarios diarios, de alguna noche de hilado o ¡cómo no!, en las romerías, las mujeres tañían su pandereta animando al baile y la alegría.

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